Hay recuerdos que se quedan en cosas muy sencillas.
En una plaza después de comer. En un domingo en familia. En el sabor de una nieve de mango, limón o mantecado compartida entre varias cucharas.
Para mí, las nieves siempre estuvieron ahí.
Una tradición mexicana convertida en una experiencia que querrás repetir.
En México, una nieve no es simplemente helado. Es parte de una tradición que se disfruta desde hace generaciones y que está profundamente ligada a nuestros sabores, nuestros pueblos y nuestra forma de compartir.
Las nieves de garrafa se elaboran artesanalmente mediante una técnica tradicional que utiliza una garrafa, hielo y sal para enfriar y trabajar la mezcla hasta conseguir su textura característica.
Pero, ¿qué hace que una nieve sea una nieve?
Aunque puedan parecer similares, no son lo mismo.
El gelato, sorbete o granizados tienen sus propias técnicas de elaboración. La nieve mexicana parte de otra tradición: la garrafa, el movimiento manual y una forma de preparar la mezcla que da lugar a una textura y una experiencia propias.
Y también está lo más importante: sus sabores. Fruta y pulpa natural, flores, semillas, dulces e ingredientes profundamente ligados a la gastronomía mexicana convierten cada nieve en una pequeña forma de conocer México.
Una técnica propia. Sabores con historia. Una tradición que sigue viva.



La técnica. Cada nieve de garrafa pasa por un proceso artesanal donde cada elemento cumple su función: la garrafa, el hielo, la sal y el movimiento constante.
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El recipiente tradicional donde se coloca la mezcla que vamos a convertir en nieve.
Rodea la garrafa y aporta el frío necesario para congelar la mezcla.
Se añade al hielo que rodea la garrafa, no a la nieve. Ayuda a que el hielo alcance una temperatura más baja.
La mezcla se trabaja mientras se congela, ayudando a conseguir la textura característica de la nieve de garrafa.
El resultado: una nieve artesanal, lista para servir y disfrutar.
El frío ya formaba parte de la historia
Mucho antes de las heladerías, en México ya se aprovechaba la nieve de las montañas para enfriar bebidas y preparaciones. Cuenta la leyenda que Moctezuma recibía nieve traída desde las cumbres del Popocatépetl, transportada hasta el Valle de México, donde se mezclaba con frutas, miel y otros ingredientes para crear preparaciones refrescantes. Con el tiempo, esta tradición de llevar la nieve de las montañas hasta las ciudades se convirtió en parte de la historia que dio origen a las nieves de garrafa.

Conseguir hielo era todo un reto: tenía que transportarse desde zonas de montaña hasta las ciudades.
La nieve se convierte en oficio
Durante la época colonial, el hielo natural comenzó a abastecer las ciudades de la Nueva España. Su producción, distribución y venta llegaron a estar controladas por el llamado “estanco de la nieve”. En 1620 aparece el primer nevero registrado en México: Leonardo Leaños.

Un “nevero” era la persona que elaboraba y vendía nieves.
El hielo llega a más personas
En 1822 desapareció el estanco y el acceso al hielo se hizo más libre. Con el tiempo, las nieves dejaron de ser un producto reservado para unos pocos y comenzaron a formar parte de la vida cotidiana. En 1884 nació la Feria de la Nieve de Tulyehualco, una tradición que continúa hasta hoy.

Durante años, parte del hielo utilizado para estas preparaciones procedía de volcanes como el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.
Una tradición que sigue girando
Durante el siglo XX, las nieves pasaron de los vendedores ambulantes a neverías y negocios familiares. Las recetas, los sabores y la técnica artesanal comenzaron a transmitirse de generación en generación. Hoy, la garrafa sigue siendo una de las formas más tradicionales de preparar nieve en México.

La sal nunca toca la nieve: se añade al hielo que rodea la garrafa para que alcance una temperatura más baja.
Y entonces pensamos:
¿por qué esta tradición no podía viajar también fuera de México?
Hay recuerdos que se quedan en cosas muy sencillas.
En una plaza después de comer. En un domingo en familia. En el sabor de una nieve de mango, limón o mantecado compartida entre varias cucharas.
Para mí, las nieves siempre estuvieron ahí.


Nuestra historia familiar, sin embargo, comenzó mucho antes y muy lejos de aquí. Durante la Guerra Civil Española, mi tatarabuelo, Aurelio Arteta, y su hijo, que llevaba su mismo nombre, cruzaron el océano rumbo a México.
Allí encontraron un hogar y construyeron una nueva vida. Varias generaciones después, México siguió siendo nuestro hogar.
Hasta que un día nos tocó hacer el viaje en dirección contraria.
En septiembre de 2024 llegué a Madrid. Un año después, llegó también mi hermana. Y fue aquí, lejos de México, cuando empezamos a darnos cuenta de cuánto echábamos de menos aquellas cosas que parecían tan cotidianas.
Entre ellas, las NIEVES.
Echábamos de menos la garrafa, los sabores, su textura. Pero, sobre todo, lo que ocurría alrededor de ellas.
Porque no recordamos una sola mala tarde con una nieve en la mano.


Así que mi madre aprendió a prepararlas.
Primero para sus hijas, sus vecinos y sus amigos. Y después, para dejarnos recuperar un pedacito de aquellas plazas, aquellos pueblos y aquellas tardes de domingo en México.
Con el tiempo, empezamos a pensar que quizá esos recuerdos no tenían por qué quedarse solo en nuestra familia.
Que quizá podíamos compartirlos.
Y así nació NIEVES.
No queremos hacer simplemente un helado. Queremos traer una tradición mexicana, sus sabores y su manera de hacerse, y descubrir qué recuerdos puede crear aquí.
Porque quizás, algún día, alguien recuerde una tarde en Madrid con una nieve en la mano de la misma manera que nosotras recordamos las nuestras.
Una marca mexicana que quiere llevar al mundo una forma de disfrutar, compartir y descubrir México.
México, sin disfraces.
Respetamos el origen, la técnica y aquello que hace únicas a nuestras nieves.
Lo tradicional también puede evolucionar.
Preservamos una forma de hacer que viene de México, sin dejar de llevarla hacia nuevos lugares.
Aquí vienes a quedarte un rato.
Queremos que cada persona se sienta bienvenida, descubra algo nuevo y quiera volver.
México se descubre en cada detalle.
Sabores, ingredientes, historias y experiencias que acercan México sin convertirlo en cliché.
El producto es solo el principio.
Queremos que una nieve se convierta en un momento: algo que pruebas, recuerdas y compartes.
Empieza por aquí.
Nieves de agua y de leche preparadas en garrafa, como en México.

Fresca, cítrica y ligera.

Dulce, frutal y refrescante.

Intenso, tropical y jugoso.

Ácido, dulce y con carácter.

Floral, refrescante y ligeramente ácida.

Cremosa, suave y tradicional.

Chocolate con el sabor característico del chocolate mexicano.

Dulce, tostado y con sabor a cacahuate.

Cremosa, caramelizada y profundamente mexicana.

Dulce, cremoso y con el carácter del tradicional rompope.
No queremos decorar México. Queremos compartirlo.







Ven a probar una nieve de garrafa y quédate un rato.
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